El presidente Javier Milei puso en agenda una reforma integral del sistema penal que endurece sanciones, incorpora nuevos delitos y reduce la edad mínima de imputabilidad hasta los 13 años. La iniciativa será enviada al Congreso y promete generar intensos debates en torno a seguridad, derechos y justicia juvenil.
Durante la apertura del período ordinario de sesiones legislativas, el presidente Javier Milei presentó un ambicioso paquete de reformas al sistema penal. Entre los pilares más polémicos se encuentra la reducción de la edad de imputabilidad —actualmente fijada en 16 años— y el aumento generalizado de penas para delitos graves.
El proyecto que impulsa el Ejecutivo busca transformar el viejo Código Penal, en vigor desde 1921, para adaptarlo a los desafíos actuales en materia de seguridad, delincuencia organizada y delitos tecnológicos. Parte de la propuesta es unificar leyes especiales y expandir el articulado.
Principales modificaciones propuestas
Baja de la edad de imputabilidad
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El texto oficial plantea que adolescentes de 13 a 18 años puedan ser considerados imputables bajo el nuevo régimen penal juvenil.
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Esto implica que menores actualmente inimputables a partir de los 16 años podrían enfrentar sanciones penales cuando cometan delitos tipificados.
Endurecimiento de penas y nuevas figuras
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Se endurecerán penas para delitos como robos, estafas, agresiones, crímenes sexuales y corrupción.
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La propuesta analiza establecer cadena perpetua “efectiva” para ciertos casos extremos, eliminando beneficios automáticos para condenas máximas.
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Se incorporarán nuevos delitos al Código Penal, como pornovenganza, violencia organizada, crímenes tecnológicos y regulaciones para proteger la biodiversidad.
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En materia de justicia para adolescentes, el proyecto propone penas alternativas cuando la sentencia no supere los 6 años, como monitoreo electrónico, trabajo comunitario o restricciones de movimientos.
Revisión y límites
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No se permitiría imponer prisión perpetua a menores, incluso si la escala penal lo contemplara; el tope sería de 20 años de pena privativa de libertad.
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Cuando el menor haya cumplido dos tercios de la pena, podría evaluarse que el resto se cumpla bajo régimen domiciliario o medidas alternativas.
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Los jóvenes condenados cumplirían condena en establecimientos especiales o en secciones separadas de las cárceles para adultos, con personal capacitado y bajo normativa disciplinada.
Debate legislativo: vías y tiempos
Ya hay en marcha proyectos parlamentarios para debatir el Régimen Penal Juvenil, con al menos 12 iniciativas en estudio que contemplan diferentes edades de imputabilidad (13, 14 o 15 años) y modalidades de sanción.
La diputada Laura Rodríguez Machado (PRO), presidenta de la Comisión de Legislación Penal, convocó a un plenario que retomará el tratamiento de la reforma en los próximos días.
El oficialismo insiste en que el nuevo régimen debe tener carácter urgente, mientras la oposición advierte sobre riesgos institucionales y sociales del endurecimiento sin consensos amplios.
Críticas y tensiones esperadas
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Derechos humanos y marco constitucional: Reducir la edad de imputabilidad y endurecer penas para adolescentes genera cuestionamientos respecto al respeto de derechos de menores y garantías procesales.
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Efectividad y recursos: La reforma requerirá inversión en infraestructura, capacitación judicial, sistemas de seguimiento penal y centros adecuados para jóvenes infractores.
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Prevención vs represión: Muchos críticos sostienen que sin políticas sociales, educativas y de inclusión, las penas severas no serán suficientes para frenar la criminalidad juvenil.
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Riesgo de estigmatización: Se teme una criminalización excesiva de sectores vulnerables, especialmente adolescentes en contextos de alta marginalidad.
Impacto político y perspectivas
El anuncio del nuevo Código Penal refuerza la postura del Gobierno en materia de seguridad como eje central de su agenda. La reforma penal y juvenil podría consolidarse en las próximas sesiones del Congreso si logra los votos necesarios.
El giro propuesto representa un cambio profundo en el paradigma punitivista en Argentina. Si bien sus promotores lo presentan como una medida de justicia, su aprobación exigirá negociaciones intensas y ajustes para equilibrar la protección de la sociedad con los derechos y la reinserción de jóvenes infractores.