El sector más cercano a Cristina Kirchner busca que Máximo Kirchner siga al frente del PJ bonaerense en la próxima renovación de autoridades, advirtiendo que su continuidad es clave para conservar el control político. A la vez, el gobernador Axel Kicillof trabaja para reforzar su poder territorial mediante una alianza con intendentes del conurbano, lo que desencadena tensiones internas en el peronismo de la provincia de Buenos Aires.
Un pulso por la conducción del peronismo bonaerense
En el marco de la próxima renovación de autoridades del PJ bonaerense, se ha generado una fuerte disputa interna entre dos núcleos del peronismo en la provincia de Buenos Aires: el que responde al cristinismo y aquel ligado al gobernador Axel Kicillof. Desde el sector cercano a Cristina Kirchner se impulsa que Máximo Kirchner continúe como presidente del Partido, argumentando que su liderazgo partidario es indispensable para asegurar la unidad y mantener el control del aparato. Según dirigentes afines, “lo que necesitamos hoy es que desde el PJ bonaerense se pueda decir (…) qué va a hacer la Argentina para asumir la deuda impagable que existe con el FMI. Máximo ha sido claro respecto al posicionamiento que se debe tener; cualquier otra persona nos deja dudas”.
Del otro lado, el kicillofismo trabaja para consolidar su propio espacio. Algunos intendentes del conurbano, alineados con Kicillof, buscan reorganizar su presencia territorial y plantean una mayor participación para el núcleo que responde al gobernador. Por caso, surge la figura de Federico Otermín como posible mediador que podría reunir cierto consenso para evitar una interna abierta.
Las tensiones que afloran
La interna no es nueva, pero ha cobrado fuerza en los últimos meses, con declaraciones públicas que evidencian el malestar. Por ejemplo, algunos intendentes vinculados a Kicillof cuestionan la lógica de conducción del partido por parte del espacio de Kirchner, y privilegian mayor participación y democracia interna.
En ese sentido, el intendente de Esteban Echeverría, Fernando Gray, ha sido una de las voces más críticas: “Cuando La Cámpora se apropió del PJ sin elecciones internas (…) Ahora volvió a repetirse: pedí una interna formalmente y ni me respondieron”.
Mientras tanto, desde el entorno de Máximo Kirchner se advierte que “si él continúa al frente del PJ bonaerense, nosotros vamos a estar; si no es así, no le vemos mucho sentido (…)”. Esa frase deja en claro la presión que ejerce el cristinismo para mantener su influencia en la estructura partidaria.
¿Qué está en juego?
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Control territorial: El PJ bonaerense representa el 37–40 % del padrón nacional, lo que lo convierte en pieza clave para cualquier estrategia de poder a nivel país.
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Rumbo electoral: Con elecciones legislativas y presidenciales en el horizonte, la conducción partidaria en la provincia servirá para definir listas de candidatos, alianzas y estrategia electoral.
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Unidad versus fragmentación: El desafío es lograr que el partido no se divida en interna abierta, lo que podría debilitarlo frente al avance del oficialismo.
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Proyección futura de cuadros: Para muchos, el control del aparato bonaerense puede definir carreras políticas hacia 2027 o más allá, incluyendo a Kicillof o a los Kirchner.

Próximos pasos y escenarios
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La convocatoria al Congreso ordinario del PJ bonaerense aparece como clave para formalizar el proceso de renovación de autoridades y ratificar la conducción.
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Queda por ver si se apuesta por un acuerdo de “unidad” que permita renovar sin confrontación, o si se convoca una interna que mida fuerzas claramente entre los sectores.
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En caso de que Máximo Kirchner no continúe, el sector cristinista podría reclamar espacios en la conducción del partido nacional o plantear condiciones que tensionen la unidad del peronismo.
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El rol de Otermín u otros intendentes como figuras de consenso se sigue perfilando como alternativa de transición.
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Cómo manejen el tema los intendentes del conurbano será clave para el equilibrio de fuerzas: su respaldo territorial puede inclinar la balanza hacia uno u otro espacio.
Cierre
La disputa por la conducción del PJ bonaerense ya no es solo una cuestión provincial: se trata de un problema estratégico para el peronismo nacional. Con el impulso del cristinismo por mantener al frente a Máximo Kirchner y el armado paralelo de Kicillof con los intendentes, el partido enfrenta un dilema estructural: ¿unidad bajo mando compartido o medición abierta de fuerzas? La decisión que se tome en los próximos meses definirá no solo quién conduce el aparato, sino qué rumbo adopta el peronismo en el escenario electoral de Argentina.
