El fenómeno de la dolarización silenciosa volvió a encender las alarmas. Según datos oficiales, el atesoramiento de divisas por parte de personas y empresas en Argentina ya alcanzó los u$s14.200 millones en lo que va de 2025, marcando el nivel más alto en seis años. Desde la flexibilización del cepo para individuos en abril, el flujo neto de compras trepó hasta u$s14.730 millones, una cifra que supera ampliamente los ingresos por deuda y préstamos en el mismo período.

Mientras el mercado observa las oportunidades del carry trade, el apetito por el dólar no cede: se retira más capital del que entra. Con esta tendencia, aunque será difícil alcanzar el récord de u$s27.215 millones de 2019, el ritmo actual muestra que la desconfianza sigue pesando más que las tasas.
Atesoramiento: el termómetro de la desconfianza
Entre enero y marzo hubo una leve repatriación de capitales (unos u$s531 millones) gracias al contexto favorable para operaciones financieras de corto plazo. Sin embargo, con la apertura parcial del cepo, el movimiento se revirtió con fuerza. Familias y empresas aceleraron la compra de dólares, muchas veces para guardarlos fuera del sistema.
El informe del Banco Central revela que, solo en julio, el atesoramiento neto fue de u$s5.432 millones, lo que generó un déficit de u$s3.273 millones en la cuenta financiera del sector privado no financiero. Este resultado se compensó parcialmente con ingresos por préstamos y canjes con el exterior.
Aunque el BCRA aclara que parte de estas compras termina en depósitos (y puede usarse para consumos con tarjeta), lo cierto es que la mayoría se interpreta como fuga o cobertura.
Bancos: ajustes, ventas y cobertura en futuros
El sector financiero también mostró movimientos relevantes. Los bancos cerraron julio con un superávit de u$s837 millones en su cuenta financiera, gracias a préstamos recibidos y a una caída en su tenencia de moneda extranjera (u$s408 millones menos en activos en dólares).
La Posición General de Cambios (PGC) de los bancos cerró en u$s8.162 millones, el nivel más bajo desde 2022, principalmente por la caída en la tenencia de billetes físicos, que sumaron u$s4.669 millones.
En el mercado de futuros, los bancos modificaron su estrategia: pasaron de una posición vendedora a una compradora por u$s20 millones. El volumen total negociado en los mercados a término se disparó hasta los u$s44.677 millones en julio, el nivel más alto desde la crisis de 2018/19. Este aumento está directamente relacionado con las intervenciones del BCRA, que cerró el mes con una posición vendida de u$s3.812 millones, y que, según estimaciones, podría haber superado los u$s5.000 millones en agosto.
El Tesoro interviene y evita una sangría mayor en reservas

A pesar de todo, las reservas del BCRA cayeron apenas u$s1.107 millones en julio, cerrando en u$s38.866 millones. Esto fue posible gracias a las compras de dólares del Tesoro por u$s1.299 millones, depósitos de encajes de los bancos (u$s1.009 millones) y desembolsos de organismos internacionales por otros u$s1.089 millones.
Sin embargo, los egresos fueron significativos: pagos de deuda por u$s2.711 millones, intereses por u$s1.516 millones, y otros egresos menores como pagos del sistema de moneda local y caída de valuación de activos.
El comportamiento de los agentes económicos sugiere una estrategia de cobertura ante la incertidumbre, más allá del optimismo financiero. A pesar del carry trade y las tasas atractivas, el mercado sigue priorizando la dolarización como forma de resguardo.
Con cinco meses por delante y un contexto político aún indefinido, el interrogante es claro:
¿seguirá la fuga o habrá margen para recuperar la confianza?